jueves, setiembre 08, 2005

Pequeño error


Cuando fue a reconocer el cadáver de su sobrino, Reinaldo no sabia si saldría vivo de la experiencia. Se sentía a punto del desmayo, el pulso acelerado y las piernas débiles.
Llegó al edificio, gris y pelado. Como la muerte, atisbó a pensar. Lo esperaba el oficial Galindo, de Homicidios.
— Buenos días, Ingeniero
— Buenos días, oficial
— Bueno, espero que el trámite sea rápido. No hay necesidad de detenerse mucho en la observación. Si usted reconoce sus ropas, o el pelo, no es necesario seguir con el examen. Finalmente, es una formalidad.
—Espero no reconocerlo
—Lo entiendo —respondió el oficial, acostumbrado a tratar con familiares esperanzados en un error.

Entraron al edificio, cumplieron los trámites de ingreso, bajaron al subsuelo caminando rápido por pasillos con fuerte olor a químicos, iluminados con luces blancas pero débiles. Al fin dieron con la puerta del Salón V, del depósito judicial de cadáveres. Reinaldo sabia que se desmayaría en pocos segundos, apenas la oficial encargada abriera la puerta 23, asignada a NN, 20 a 25 años, heridas de arma blanca en tórax y espalda.

Miró a Galindo y cayó como fulminado. Aquél no era Mario, su sobrino. Era Julio, su hijo mayor.

Un pequeño error de identificación



©11-10-03

3 Comments:

At 6:30 a. m., Anonymous Anónimo said...

Hola Esteban hoy domingo entré por ficticia y me encontre con tu cuento y pense que era un muy buen ejercicio que ibas hilando bien las observaciones y los sentimientos de los personajes sin parar ni para respirar una coma entonces me vine a ver si estaba por acá para comentarte pero veo que todavía no lo metiste y pensé que era una cosa extraña porque todo aparece o decís donde leerlo y me pregunté porque sería eso pero no dudé de que fuera tuyo porque quien podía si no hablar así del padre que escuchaba música clásica aburrida y de la mina que no se atrevía a levantar y que ni lo junaba pero no lo comenté por allá porque ahora estoy en un momento de muchas cosas ajenas a ésto y casi no escribo y resulta una paradoja porque me va bien con los relatos que mandé a los concursos y ahora me seleccionaron también en juninpaís no se si te conté aquel de creando tapices ya ves uno se siente reconocido y en ese mismo momento parece que se cierra la canilla y ya no salen las letras y hay que esperar que pase este momento y bueno ahora me voy a tomar un mate y te cuento que ya tengo previsto un cafecito en el cafe de tu esquina ya que tengo vuelo en el horizonte.

 
At 6:32 a. m., Anonymous Anónimo said...

Ah, éste ya lo había leído hace tiempo, lo recordaba.
Saludos, Miriam

 
At 1:26 p. m., Blogger esteban said...

Miriam: Lo subí primero a Ficticia porque no tenía la más mínima idea de como sonaba el texto, y quería tener alguna respuesta. (La única que llegó es la tuya).Hoy me animé a publicarlo en el Blog.
No me considero un "experimentalista", ni me interesa jugar a cambiar la ortografía, escribir sin comas, etc. Pero esta vez ,influenciado por las infinitas notas que Egberto Gismontí - al cual vi el otro día en el Gran Rex, en un concierto convocado por Martha Argerich...- digo, quise emular esa incontenible abundancia de sonidos,tras los cuales bullen solo dos o tres grandes ideas, dos o tres grandes secretos, quizás ocultos para el propio protagonista.
Bueno, me alegra que te premien y te obliguen así a no dejar de lado tu compromiso con la ficción.
Hablando de premios: el 28 me entregan el mío en el Tortoni, lugar literario e histórico como pocos...
Un abrazo

 

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